viernes, 4 de diciembre de 2009
Desquite
sábado, 14 de noviembre de 2009
Lejos de la ciudad
Un té junto al sweater que de seguro me olvidaré de llevar, unas llaves en el bolsillo que son lo único que me indica un lugar, donde debo estar. Un recorrido imprevisto y un deseo, no querer regresar. El destino se quedo atónito y aún aguarda con la mano extendida para poderme llevar, dibuja miles de días y cree que preverlo todo es lo normal, y yo ya no quiero explicar mas que ser predecible y monótono no integra el deseo del simple mortal. Solo busco un sitio o ese lugar, donde deje ser sujeto en mi realidad, donde se filtre el aire nuevo un viento sur que está próximo a llegar.
Y ese grito del viento que acopla en mi pecho, me abraza y no me quiere soltar, se desliza en el ventanal, golpea y con su fuerza vierte todo y el líquido se reposa porque se deja encandilar. No hay sendero inhabitado, no existe aire sin respirar, se le agradece a lo único puro que se puede apreciar. Y es justo esa paz con la cual quiero viajar, desecho mapas, y deshago los nudos que mi limitan de libertad.
No le pongo rotulo a lo que siento, ni me quiero despegar, me entrelazo en el ambiente, y es una sensación ideal, si se quiere agitar el alma para volverse a reencontrar, o si simplemente se quiere presenciar que el hecho de estar nos acerca a lo real, nos aparte de la idealizada realidad, y nos sumerge en el abismo de que lo relativo que puede ser elegir ser o estar.